





Caminar el sendero del Acebuchal con bajamar ofrece limícolas a distancias cómodas; en pleamar, los observatorios cercanos a las salinas concentran flamencos, charrancitos y espátulas. Señalética clara, plataformas firmes y vientos suaves hacen de este enclave una escuela abierta todo el año.
Una ruta circular entre pólderes y diques permite alternar telescopio y prismáticos. Ánades, limícolas y espátulas descansan cerca de la carretera, pero los mejores momentos llegan con la luz rasante sobre el puente de Cicero, cuando bandos inmensos se mueven como tejido vivo.
Desde la marisma de Gautegiz Arteaga hasta los arenales de Laida, el paisaje se abre para observar archibebes, garzas y águila pescadora en paso. Miradores señalizados, centros de interpretación y paneles de mareas facilitan diseñar una jornada variada y muy didáctica.
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